domingo 25 de diciembre de 2011

Un cuento de Navidad.

Mi expectativa para la nochebuena, era tener terminado un cuento de navidad. Se supone que todo escritor debería tener uno, no es que sea tan consagratorio como lo fue en su momento  almorzar con Mirtha Legrand, pero lo es. El mundo intelectual es difícil y competitivo y aunque me quedo solo con algo de ese mundo, quería escribir un cuento de navidad. La inspiración no me ayudó y el tiempo que me juega en contra como a todos los mortales, tampoco.

Ayer mirando el mar, recostada sobre una lona que viene conmigo desde hace años y fue un regalo que me trajeron de Ibiza, o sea que tiene playa y marcha, mientras leía mi autora preferida me decía: hoy es Nochebuena y no escribiste nada.
Era la segunda expectativa en la última semana que no me había podido cumplir a mi misma.

Un señor que vendía bolsos al grito de: “llegaron los descuentos del Corte Inglés, tres bolsos por dos, o treinta días de sol garantizado”, interrumpió el silencio. Uno de los playeantes lo detuvo, lógicamente no por la oferta de los bolsos, sino por lo de los días de sol.
-Si, si, treinta días de sol garantizado. Pero no acá, este clima es de cuarta, el verano está en Alicante. Yo soy huérfano, pero estoy acá por un error de mis padres. Allá si que hay verano.

Defraudado en sus expectativas, el hombre que había preguntado por los días de sol, hizo un gesto con el brazo, como enviándolo de regreso a Alicante y noté, que sus expectativas desaparecían.
-Pero si estamos en Punta del este ¿Cómo querés que llegué a Europa?

-Cruzando el océano, yo lo crucé 14 veces y soy huérfano. Y además, hoy es navidad, navidad. No es que viene Papá Noel, nació Jesús, que es otra cosa.
Y levantando el tono de voz, afirmando lo que iba diciendo a toda la playa, terminó gesticulando como un gran orador de masas.

-Papá Noel es un invento de la Coca Cola, no existe, son los padres.
Algunas madres corrieron hacia donde estaban sus hijos como si el vendedor de bolsos fuera un secuestrado de menores y no un relator de verdades. Otras mujeres miraron concupiscentes a sus hijos, con ojos de ¿te habrás “avivado”?

Pero los niños siguieron jugando, ningu no quiso repararen aquellas palabras. ¿Quién quiere perder las expectativas de la llegada de Papá Noel justo 5 horas antes?
Hoy, al levantarme, tomé esta foto del baño del hotel. Seguramente quien diseñó el lugar imaginaba a las mas selectas modelos mirándose en ese espejo, pensó que Kate, Naomi, Alexa o cualquiera de esas súper altas se mirarían en el. Maquillarían su superficialidad y saldrían a la calle listas para enfrentar el mundo con su belleza.

Una siempre se las ingenia para maquillarse, porque al final cubrir el rostro con crema y colores no es mas que asumir que no se cumplieron las expectativas de la piel perfecta, del lunar sexy sobre el labio superior, de las cejas con el ángulo justo que enmarquen los ojos y las pestañas tupidas.
Fue un lindo día donde no cumplí ninguna expectativa, ni las propias, ni las que los demás tenían puestas en mí. Pero descubrí que las expectativas están para no cumplirse, como algunas reglas, que están para romperse.