Estaba en el gimnasio, haciendo la rutina de los 25 minutos de cinta, frente a dos plasmas, gigantes. Uno pasaba series viejas de Warner Chanel y el otro la vida de Diego Forlán. En mute, y con algo de rock en mis auriculares, decidió mi inconsciente mirar la biografía del jugador. De arranque, era una vida corta, empezaba en Independiente y terminaba en la Copa América. Deduzco que habrán hecho algún tipo de aclaración los periodistas, pero como yo no podía escuchar me lo perdí.
Me cae bien Forlán, me gusta. No sé si por ser Uruguayo o porque le dicen Cachavacha y me hace acordar a la Bruja Verón, que me gusta mucho mas que Forlán.
Me gusta porque se ríe, ¿puede ser que ya no vea tantos hombres reírse y disfrutar de la risa? Sin vergüenza, sin taparse, sin sonreír, risa pura. Vi que abraza a sus compañeros transpirados, algo que no haría ni con mi madre. Y algo que ya confesé muchas veces, guiña el ojo y ese gesto, para mí, es lo más seductor del mundo. Algún día lo explicaré, fuerte y claro. Lo cierto, y a manera de resumen es que, uno tiene que tener mucho dominio de si y de la situación como para guiñar el ojo y no quedar como una persona con problemas nerviosos que tiene un tic.
Me gusta Forlán, porque dejó a su novia 40 días antes de casarse. Con la Wedding Planner, los souvenirs y el cisne de Manteca para que los invitados unten las tostadas antes de ponerle anchoas. Me extraña que no me haya puesto corporativa, si bien el Matrimonio show, no me va, me apena que se rompa la ilusión de una persona. Pero, analizando que una de las protagonistas de esa historia ¿de amor? Apareció siete días después, en minifalda y pintada como una puerta, riéndose de lo que le había pasado. Sospecho. Sospecho que el jugador descubrió otras intenciones, o se dejó llevar por el pánico prematrimonial. Digo, me han dejado muchas veces y (aunque soy de duelos largos bien dramáticos) supongamos que exagero, pero ninguno de los hombres que me hicieron llorar, estuvieron ni siquiera cerca de darme la vida que le podía dar Forlán a su novia. Siendo más clara, eran hombres (algunos) amorosos, divinos, llenos de buenas intenciones (algunos), pero no vivían en Europa, ni ganaban millones, ni siquiera tenían los abdominales de Forlán. Y así todo, con lo poco que resulta el amor después de todo lo que mencioné, los lloré como se debe. A lágrima viva, como diría Girondo, sintiéndome morir. Y eso que ninguno de esos hombres me propuso matrimonio.
Aquellas mujeres que se destacaron en lo que hacían, casi todas las que yo conozco, quedaron destrozadas o indignadas o enfurecidas o enceguecidas, por un hombre que las marcó a fuego. Bastó con uno, para que ellas les dedicaran el resto de sus días para pintarlos, escribirles, condenarlos para toda la eternidad. Una no se recupera así como así de un duelo, sino para que están la películas de amor, los libros de autoayuda, las botellas de whisky y las amigas.
Una no se recupera así nomás de un duelo y menos, si el hombre que te dejó puede llevarte a Paris, abrirte la puerta de Chanel y comprarte el mítico saquito, que vos tantas veces emulaste con telas compradas en once.
Me gusta Forlán.



1 comentarios:
Sabia reflexión amiga...
te mando un beso!
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